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Dos gatos tontos [Privado Kenneth]

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Dos gatos tontos [Privado Kenneth]

Mensaje por Agnes Mansen el Sáb Nov 05, 2016 10:30 pm

Era domingo, y era noviembre, y hacía frío como no había hecho en mucho tiempo.

Agnes tenía una pila gorda de ensayos que corregir y tenía ganas negativas de hacerlo, sobretodo a las tres de la tarde, después de haber almorzado recientemente y envuelta en sábanas como estaba de cómoda en el mueble largo de la sala. Ya había escogido qué película quería ver y a su parecer ya había esperado lo suficiente como para darle play sin que el video se detuviera a cargar. Tenía la puerta de la cocina abierta y la luz de la misma encendida, solo para estar pendiente de cuando la cafetera soltara su pitido particular de cuando estaba listo para servir. Cuando había comenzado, estaba segura de haberle puesto un poco más de lo necesario a la máquina, pero no era como si un café bien fuerte y caliente no estuviera bien recibido en un clima tan deliciosamente hostil, mucho mejor para espabilar de la flojera que amenazaba con comerse su alma.

La sala estaba a oscuras y la única fuente de iluminación era el haz de luz de la cocina y la luz brillante de su laptop sobre la mesita en frente suyo. La luz de la pantalla de su teléfono era casi despreciable, pero ella podía ver perfectamente lo que necesitaba, y como ya estaba lista para comenzar con la película, le puso el bloqueo y lo colocó junto al portátil, con la pantalla hacia abajo y algo encima de la cámara porque la paranoia la carcomía.

Estaba segura de que la lenta sinapsis de su cerebro se debía a lo tarde que había llegado a casa la noche anterior: En “Hel’s” las cosas se habían puesto un poco locas. Después de servir lo que se le hicieron como un millón de tragos distintos a un grupito de chicas que venían por un cumpleaños, unos sujetos comenzaron a pelearse entre sí y literalmente barrieron toda la barra y sus maravillosas creaciones consigo. Después de solventar el problema y sacar a los dos buscapleitos, el dueño quiso apaciguar los ánimos de la clientela ofreciéndoles tragos nuevos totalmente gratis y Agnes tenía dolores en los hombros que le habían durado hasta después de levantarse en la tarde de hoy, y aún todavía le palpitaba un poco de cuando en cuando, al adquirir alguna posición mínimamente incómoda.

El único motivo por el que no se había tragado las quinientas pastillas de ibuprofeno que tenía en casa, era porque no quería abandonar este mundo sin que sus alumnos supieran hasta qué punto la habían cagado redactando tres cuartillas sobre el valor cultural del Retrato de Dorian Gray. O hasta que punto la había cagado al no entender que las tres cuartillas se referían a el contenido en total y no a sus aledaños como introducción y conclusión...o que tanta diarrea mental podían proporcionarle con el hecho de no saber que carajo era una cuartilla.

Se dio un golpe en la frente con un temor creciente a las arrugas y cuando hubo relajado la cara, miró de nuevo al frente, tratando de ubicar todo lo que necesitaba. Había un bowl para cigarrillos vacío, su teléfono , la laptop, sus audífonos inalambricos para que no pudiera escuchar si alguien quería meterse en su casa durante la película, alrededor suyo tenía almohadas de todo tipo para poder acostarse como le diera la gana, el control del televisor solo por si acaso, el pitido de su café todavía no estaba listo pero lo estaría pronto, y el ítem más importante, la cosa peluda para acariciar™.

¿Dónde estaba la cosa peluda para acariciar™? Metida en algún recoveco, probablemente. A veces era tan silenciosa como un ninja, a veces le daba por tirar al piso todas las cosas tirables en su casa, dependiendo de con cual de las cuatro patas se había levantado ese día. Y era diminuta, y casi del todo negra salvo por uno o dos manchas del color del dulce de leche en su cuerpo. Para más colmo, le tenía algo de miedo a Agnes (pero en su defensa, ¿quién no?), y solo se dejaba coger por ella cuando estaba en total silencio, a oscuras, o cuando le daba comida, y si acaso, porque si la tocabas mientras comía, soltaba ruidos de cerdo torturado que daban más risa que miedo.

Los gatos definitivamente eran el demonio encarnado.

Agnes se puso de pie como para que no se le entumecieran las rodillas, porque quería comprobar el café y porque quería encontrar al animal, todo a la vez, y se fue caminando descalza por el suelo alfombrado de su apartamento, dándole un vistazo rápido a la cafetera, y pasando casi inmediatamente después por la puerta del pasillo, en busca del animal.

No estaba en el baño principal, aunque tenía especial predilección por la bañera. No estaba en su puerta especial porque esa nunca la tenía abierta, y cuando chequeó en su dormitorio, tampoco la vio. Lo que sí vio fue la ventana abierta.

Mierda. —dijo en voz alta. Tuvo regresiones de la chica que le dio a la gata, diciendole que era de extrema importancia que no dejara cosas para escalar cerca de ventanas porque podía saltar por ellas, y empezó a hacer cálculos de que tan altas eran las cosas en su habitación como para saltar sobre ellas. El pánico se acrecentó porque su cama tenía la sábana tirada hasta el piso y se imaginó a la muy tonta trepando por ahí como trepaba por sus pantalones y saltando de la cama a la ventana abierta y saliendo a la fachada externa del edificio por la cornisa. Como para expandir el soplo en su corazón, un maullido indefenso arrastrado por el viento le llegó desde afuera. —Mierda, mierda, mierda…¿Gato? ¡Gato!

Agnes corrió a la ventana y se inclinó contra ella tan a prisa que se le olvidó que tenía pechos y los golpeó directo contra el filo del borde. Su cara se contorsionó de dolor y al ver al gato tan lejos de la ventana, directamente a un lado, rugió.

¡Maldición, gato!

Y como era de esperarse, la gatita paró de maullar para alejarse torpemente un poco más, haciendo que el corazón de Agnes se le incrustara en la garganta. Seguro, los gatos eran maestros de la delicadeza y el sigilo, pero esta era muy pequeña y un poco estúpida, honestamente, y aunque la saliente era ancha, la llenó de terror imaginarse que se podía caer.

Gato, no, vuelve... —pero pronto el gatito se alejó lo suficiente como para sentir desesperación de nuevo y comenzar a maullar.

Y como Agnes no piensa bien las cosas antes de hacerlas, en un segundo se encontró a si misma gateando por la saliente, con el viento sacudiendole el pelo contra la cara, en un pantalón ancho de indigente y una blusa de tiras que no la abrigaba en lo absoluto, descalza y tratando de estirar la mano de uñas negras y largas para que el gatito se diera cuenta de su error y viniera con ella de vuelta a la seguridad.

Y entonces se dio cuenta, ella también, de que un paso en falso y caería cuatro pisos abajo tanto como temía que le pasara al gatito. Y que de paso, con la anchura de la saliente, no podía darse la vuelta, así que tendría que gatear en reversa, a ciegas, para volver.  Y como si entendiera sus pensamientos de inminente desastre, la gata empezó a maullar más largo y prolongado, poniéndole los nervios de punta.

Tenía que haberse puesto a corregir esos ensayos.
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Re: Dos gatos tontos [Privado Kenneth]

Mensaje por Kenneth van der Holt el Dom Nov 06, 2016 2:08 am

Kenneth venía de hacer compras. Traia un poco de vegetales surtidos, ajíes, tomates, cebollas etc. Lo esencial para darle el sazón básico al plato principal de la noche.
No podía esconder la sonrisa que recorría desde un lado de la mejilla izquierda hacia el lado de la otra. Definitivamente estaba emocionado por experimentar esa receta de la que había escuchado hace un par de días en el puerto, de las fauces de unos obesos chefs que venían uniformados con el sello del conocido restaurante Omoro.

Parecía estar haciendo los pedidos con normalidad en el muelle, pero solo rellenaba garabatos en la lista que se le había proporcionado para colocar cuantos kilos de pescado necesitaba para el restaurante donde trabajaba; En realidad prestaba demasiada atención a cada letra que salpicaba de los labios de los cocineros. Estas formaban frases y oraciones acerca del día de trabajo de hoy y cómo los salvajes (haciendo referencia a los clientes) simplemente devoraban sin que les importase la presentación (ni el costo del platillo) y discutían recetas entre sí.

Luego de que Kenneth escribiera esta vez de verdad los valores necesarios para los platos marinos que correspondian para esa noche en La Cima de Babel, emprendió su rumbo de nuevo al restaurante, pero algo que escuchó de los balbuceadores ricachones lo detuvo de por quién sabe ya qué número de vez y agudizó su sentido de la audición como si fuera un lobo escuchando un rama seca romperse en la nieve a lo lejos por causa de la pesada pezuña de cierto mamífero indefenso que no se percataba del error que había cometido. La receta consistía en usar ingredientes totalmente contrarios el uno al otro, estos eran miel, salsa de soya y salsa teriyaki; Se quedó petrificado imaginando el choque de sabores que esto ocasionaria dentro de su boca -Dulce y salado, eh?- No lo convenció del todo en el restaurante imaginario dentro de su cabeza, pero decidió que no podía opinar por sí mismo en el asunto sin antes haberlo probado preparado por sus propias manos.

Toda la cinematografía que se desarrollaba dentro de su mente fue interrumpida por el cambio de tono súbito en el diálogo de los empleados de Omoro, estos se habían percatado de la extraña presencia del joven oyente y empezaron a hablar despectivamente sobre este. El lobo ya había capturado a su presa por la tierna y cálida carne del cuello, su trabajo estaba hecho. Lo que le dejaba solo la opción de volver a su guarida para ver como le apetecía degustar su presa.

De vuelta en su sitio de trabajo, ya estaba por terminar de limpiar la zona del bar para la noche cuando llegó el encargo con las cajas llenas de kilos de pescado fresco. Esto hizo que se olvidara completamente del tema de la receta por ese día. Firmó la entrega a nombre del dueño de Babel, lo pagó con la tarjeta de la cuenta del local y despidió al viejo señor de los envíos del muelle. Para cuando estaba terminando de almacenar las cajas y destaparlas en el cuarto del congelador para la búsqueda sencilla de los peces a cocinar, recibió un mensaje de su jefe, explicando que la noche iba a estar llena, respondió con un "Claro Jefe" y el resto del día transcurrió con normalidad; pero igual fue una prueba de fuego no lanzarle los platos como frisbees a los clientes y cortarles el cuello, con tanto movimiento y quejas que hubo en ese día.

Transcurrida esa noche y el día siguiente, cuando Kenneth se encontraba de compras en la tarde del domingo, mientras escogía aderezos, un envase oscuro como el chocolate, pero con una etiqueta roja y verde con extravagantes letras japonesas, prácticamente pidió a gritos la atención de él. Por lo medianamente poco que sabía leer los kanjis del japonés, solo logró leer “Teriyaki” y eso fue suficiente para desencadenar el evento en el muelle de nuevo dentro de su cabeza. Sin mucho que pensar, volvió en sí mismo cuando ya estaba en su casa con la ornilla encendida, justo en el momento exacto para comenzar a soltar su creatividad con distintos granos, vegetales, pollo y líquidos concentrados provenientes de botellas de tamaño mediano.

Todo iba bien, las cebollas comenzaban ligeramente a apropiarse de ese color dorado que deberían tener al ser bañadas en altas temperaturas por aceite; El pollo estaba picado y marinandose en el mezclote de salsa teriyaki, soya y la espesa miel, esto despedía un olor extraño y muy invasor por todo el apartamento. Justo como pensó, a su gata no le fascinó el aroma del experimento efectuado en el pollo y se encontraba justo en el marco de la puerta de la cocina, evaluando todo desde una distancia segura del olor.

Todo continuó con normalidad, las cebollas todavía no estaban completamente doradas pero ya no estaban blancas. De la nada se escucha un maullido lejano y tenue, Kenneth cree que fue producto de su imaginación o que su gata, Sera, le estaba reclamando por algo de comida mientras ella creía que él estaba preparando un manjar para ella, pero el sonido de el aceite freír y el agua a punto de hervir apaciguó todos los otros pensamientos que no estuvieran relacionados con la cocina.
Se escucha un segundo maullido que entra por las corrientes de aire proveniente de las ventanas del apartamento. Kenneth voltea para ver a Sera, la cual responde a los maullidos con otros tenues se larga en una especia de semi-correr mientras trata de conseguir la fuente de estos, confirmando que no fue ella la causante de estos.

-Maullidos que no son de ella…? eso significa que... habrá un gato en la cornisa de un piso cuatro ?!- Kenneth automáticamente apaga toda la cocina, se lava las manos y corre hacia donde lo guía su gata. Ni le da tiempo de quitarse el delantal celeste que llevaba puesto sobre la cintura, solo para encontrarse finalmente con la fuente de los maullidos desde la ventana de su habitación más pequeña. Se topó efectivamente con un gatito, asustado y una mujer morena de cabello oscuro y largo, con medio cuerpo fuera de la ventana y la mitad adentro, acompañada de una expresión aún más plagada de terror y ansiedad que la del gato.

No tardó en hacerle señas a la mujer que debía ser quién vivía en frente de él, para que esta lo notara y él poder ayudarla a rescatar a su gatito, sea cual sea la condición en la que el animal escapó en un aparente intento suicida del apartamento de su vecina.
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Re: Dos gatos tontos [Privado Kenneth]

Mensaje por Agnes Mansen el Dom Nov 06, 2016 3:55 pm

Honestamente, cuando había comenzado a gatear como una tonta, no se había dado cuenta de que había alguien asomando por la ventana de al lado. Agnes se había cansado de estirar la mano y esperar contacto con pelo, mirando fijamente con la cabeza gacha el delgado concreto sobre el que estaba postrada, e incidentalmente el vacío espacio de aparcamiento varios metros más abajo, como esperando a que dejara una mancha sangrienta en él.

Volvió a alzar la cara al frente, tragando saliva con algo de dificultad y pudo ver al muchacho que era su vecino. Se quedó petrificada por un instante, y con razón: El muchachito era tan pálido y tenía unos ojos tan punzantes que por un momento pensó que era alguna clase de aparecido de las alturas. Después de unos segundos, se dio cuenta de que era una persona y más importante, que
quería ayudarla con el gato.

Pero ella tenía al gato más cerca que él, y aún así no estaba a suficiente distancia como para que ninguno lo cogiera con solo estirar la mano.

Lo único que se le ocurrió en el momento fue gatear un poco más, con cuidado, en dirección hacia la gata, para obligarla a que se moviera con pura fuerza de miedo, cosa que hizo de inmediato, dando pasitos saltarines que más la hacían parecer conejo que gato. Y que la hicieron ver doble y triple porque temía que en una de esas saltara fuera de la saliente.

La gata volvió a quedarse quieta, entrando en un nuevo modo de alerta al darse cuenta de que estaba muy cerca del nuevo individuo, pero Agnes no vio si el sujeto la cogió al final o no, porque estaba de nuevo con la cara mirando hacia sus propias manos y el concreto sobre el que estaba apoyada. Respiraba agitada, con un montón de pensamientos negativos volando por su mente. Tentativamente quiso retroceder, pero como era incapaz de voltearse sobre si misma, cada vez que estiraba una pierna le parecía que solo había aire esperándola.

Debía verse bastante patética tratando de no morirse del miedo a las alturas, así que hizo su mejor esfuerzo y volvió a alzar la cara, nuevamente buscando al vecino y tratando de que no se le quebrara la voz en el proceso de decirle:

Oye, sé que no nos conocemos mucho ni nada pero… ¿crees que puedo pasar a tu casa? No creo poder irme hacia atrás ahora...  
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Re: Dos gatos tontos [Privado Kenneth]

Mensaje por Kenneth van der Holt el Lun Nov 07, 2016 1:22 pm

Cuando el joven en el delantal notó que la casi gata que venía detrás del animalito finalmente se dio cuenta de su presencia, ésta avanzó un poco más y articuló unas oraciones acerca de auxiliarla y sobre lo poco que se conocían, él sin pensarlo la escuchó atentamente, asintió de una manera positiva y se puso manos a la obra.

-Ehhh… Okay. Tu gatito ya se dió cuenta de que estoy aquí y ya sabemos como son los gatos de desconfiados.- Kenneth desapareció por un instante, dejando a aquella mujer y a su pequeña mascota en la angosta cornisa del piso 4 de la torre F en las residencias Littlefield.

Kenneth salió corriendo torpemente del pequeño dormitorio hacia la cocina. Cuando su gata (que lo estaba esperando en el marco de la puerta por comida) vio aquella figura dando pasos agigantados y veloces, no tuvo otra opción más que patinar sus garras frenéticamente sobre el piso de madera del apartamento y huir despavorida. Cuando llegó a la cocina, abrió todos los gabinetes que sus brazos le dejaban por cada segundo que pasaba.

Cuando la cocina se encontraba hecha un desastre y casi totalmente desvalijada con todos las puertas y gavetas posibles abiertas, Kenneth encontró lo que quería, la última lata de “Phillip’s Gourmé comida para gatos, 5 estrellas” en una parte escondida de su despensa porque sabía que su gata encontraba la lata; La abrió , cogió una cucharilla de las que estaban limpias y salió corriendo de vuelta hacia la cornisa donde pudieron ocurrir mil y una cantidad de tragedias mientras buscaba la bendita lata.

-Estoy de vuelta, traje ayuda!- Aulló sutilmente con intención de que nadie brincara al borde del precipicio, figurativamente.

Kenneth introdujo la cucharilla dentro de la pastosa comida para gatos y la sacó lo suficientemente llena como para confirmar que era un conglomerado de carnes y otras sustancias que se mantenían juntas solo por el efecto de ser "5 estrellas"; Colocó la comida en el lado de la cornisa más próximo a su ventana y se liberó las manos poniendo la lata y la cucharilla en la cama del dormitorio.

Pasaron varios segundos y el animalito no se movía ni un solo milímetro, solo volteaba a ver a su dueña y al nuevo humano como si fueran amenazas. Al cabo de unos segundos más de ignorar la comida gourmet, Kenneth le dijo a su vecina -No está colaborando con nosotros, por lo que puedo ver se aleja de tí, así que sigue acercándote un poco, no te preocupes, ni ella ni tú se van a caer, confía en mí- Terminó de articular mientras reafirmaba sus palabras con gestos que la llamaban hacia él.
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Re: Dos gatos tontos [Privado Kenneth]

Mensaje por Agnes Mansen el Jue Nov 10, 2016 12:44 pm

El fantasma de la cornisa parecía de acuerdo con que ella pasara por la ventana, como si se tratara de una cosa muy normal, pero Agnes no tenía cabeza para pensar que es normal y qué no cuando, con el viento que hacía a esas alturas, sentía que podía caerse a una muerte segura en cualquier momento. Claro, no era como estar en la cornisa del Pent House, sin vecino que la ayudara con su problema de mascotas, pero era bastante alto y aterrador, sobre todo dado el hecho de que no había nada que frenara su caída hipotética, porque la fachada del edificio era totalmente uniforme. O bueno, a lo mejor sí, viéndolo así…

Inclinó un poco la cabeza fuera de la cornisa solo para curiosear y se arrepintió inmediatamente porque el vértigo volvió con renovada fuerza.  

Maldición... —murmuró suavemente, inclinando la cabeza contra la pared adyacente única a su flanco derecho, mientras esperaba que Casper volviera de su excursión

Se le hizo eterno, pero el muchacho regresó y con él sus ánimos de vivir. Con todo y eso la gatita se veía menos estresada que ella en el borde del precipicio, parecía como si se hubiera acostumbrado un poco a la situación, es decir, con tanta compañía no podía estar tan estresada…o quien sabe, ella no entendía a los gatos, quizás por eso la gatita huía de ella.

Agnes se quedó callada, expectante viendo como el chico trataba de seducirla con una cosa pastosa que olía a rayos, pero la gata no picó la carnada, aún desconfiada de los dos extremos del camino y el abismo. Por un momento a Agnes le dio algo de lástima, se preguntaba si los gatos eran todos así siempre o si era que esta la había pasado muy mal en la calle y había aprendido a desconfiar de todo. Salió de su trance de observación cuando escuchó que el vecino se dirigía a ella nuevamente, parpadeó un par de veces en su dirección, procesando lo que le había dicho y luego respiró profundo y volvió a tomar control de su propio cuerpo, gateando a milímetros hacia la ventana ajena nuevamente.

Aún estaba un poco lejos pero la gata captó la “nueva amenaza” de inmediato y comenzó a moverse en dirección al otro con los mismos pasos saltarines de conejito con los que se había estado moviendo todo el día. Parecía que su amenazómetro interno apuntaba a que el terror desconocido que le producía el nuevo humano era preferible al terror conocido que le infundía su dueña.

Vamos, ¿tan mala era cuidando animales? se le rompió a medias el corazón.

Por estas cosas es que prefiero los peces. Muévete, tonta —dijo en voz alta y de mal humor y pareció surtir efecto porque la gatita ni siquiera esperó por una invitación, sino que se aventuró a saltar por la ventana y correr a esconderse en algún lado dentro de la casa ajena, evadiendo hábilmente al vecino en el trayecto.
Ahora Agnes estaba incómodamente cerca de la ventana, es decir incómodamente cerca del vecino, en aquella posición que le hacía doler horriblemente las rodillas de la tensión y puso las manos en el borde de la ventana, pidiéndole al otro que se apartara de ella sin pedirlo verbalmente, porque necesitaba pasar:

Como ella lo hizo creo que yo también me voy a meter contra tu voluntad. Gracias por...la ayuda y eso...y no sé, esto es muy extraño, lo siento
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Re: Dos gatos tontos [Privado Kenneth]

Mensaje por Kenneth van der Holt el Mar Nov 22, 2016 5:43 pm

Al culminar la entrega de instrucciones verbales dirigidas hacia la gata de mayor tamaño en la cornisa, ésta pestañeó varias veces seguidas y aunque a Kenneth no le hubiera gustado admitirlo, le pareció extremadamente adorable, claro, no mencionaría nada en ese exacto  momento a menos que esperara un reverendo golpe en las costillas por parte de su vecina debido al predicamento en el que se encontraba.

Mientras él se quedó viendo la discordia y desesperación que habitaba en el rostro de su morena vecina mientras avanzaba, no se dio cuenta que el animalito se había dirigido unos pequeños pasos hacia la ventana junto con su dueña, al voltear a ver hacia la gatita, estaba mucho más cerca que antes.

Mientras todo esto pasaba a velocidad de lagarto viejo durante el quinto mes de sequía, la comida lujosa cinco estrellas no surtió efecto ya que se podía observar al conglomerado desinflarse como si la mismísima atmósfera lo estuviera aplastando, dejando una mancha aceitosa y nauseabunda a la vista mientras todo lo demás ocurría.

Cuando unas palabras de su vecina que no iban dirigidas hacia él, surgieron, lo distrajeron de la vista hacia el animal y cuando enfocó de nuevo en su vecina que ya había dejado de hablar, la pequeña gata tomó la oportunidad y brincó sin remordimiento alguno por la ventana que da hacia la casa de Kenneth, escapando desesperadamente de los dos estímulos humanos que se hacían presentes ante ella justo hace unos segundos, pero se detuvo súbitamente haciendo ruido sobre el piso de madera con sus garras que patinaron sobre este, dejando unas pequeñas marcas, al ver a otro felino de mayor tamaño que ella, yacía en el marco de la puerta como una gárgola viendo hacia las calles desde un rascacielos en Chicago, esperando cuando podría moverse y empezar a crear caos.

Estaba por solucionarse todo, ya la gatita estaba a salvo, (Medianamente) el trozo pastoso de Phillip’s seguía semiderritiéndose (cómo si algo sólido como la carne pudiese derretirse a temperatura ambiente) y solo faltaba la vecina, que seguía en la cornisa junto a la comida cinco estrellas. Ella se terminó de acercar a la ventana y murmuró unas palabras de gratitud, mezcladas con cierto tinte de pena, esto solo hizo que Kenneth sonriera como lo haría un niño, solo de lo aún más adorable que le parecía la forma en la que se expresaba su vecina.

-Hey, no es para tanto, ¿sabes?  Necesitabas ayuda y aquí estoy, no te preocupes en lo absoluto- cuando terminó de hablar, solo siguió sonriendo y le extendió firmemente el brazo a su vecina, no quería flaquear después de todo el agobio que ella había pasado.

-Ven, pasa, en algún momento nos teníamos que conocer y vaya, qué manera, ¿no?- no pudo contener la risa que le causaba toda esta situación y soltó una millonésima parte de lo que en verdad sentía, luego se compuso de nuevo y siguió. –Mi nombre es Kenneth, un gusto en conocerla, ehh, Señorita Vecina- exclamó mientras su brazo seguía extendido en la dirección de la linda chica en la cornisa.
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Re: Dos gatos tontos [Privado Kenneth]

Mensaje por Agnes Mansen el Miér Nov 23, 2016 7:19 pm

La naturalidad con la que su vecino se estaba tomando la invasión le hacía sentir a la vez aliviada y desconfiada. Era verdad, habían convivido durante mucho tiempo en el mismo piso sin dirigirse la palabra más que para un ocasional “buenas noches” en el ascensor una vez cada que los cuerpos celestes se alineaban, pero de por sí los horarios de sus actividades no coincidían para nada y de todos modos, o Agnes estaba todo el día fuera y regresaba a casa a horas nada decente, o estaba todo el día encerrada durmiendo o haciendo cualquier otra cosa en la comodidad de su nicho. Y sin embargo, había tenido que acudir a él por su predicamento actual, porque realmente era eso o retroceder y resbalar y probablemente morir de una manera muy Tarantino contra el pavimento.


Bien, vale, estaba exagerando un poco, pero con los nervios que le daban las alturas, ¿cómo no?


El brazo extendido del muchacho le hizo una invitación y ella gateó hasta estar bien pegada del marco, luego sostuvo el brazo con sus manos morenas y un poco temblorosas, y comenzó a introducirse torpemente al departamento, sin saber muy bien cómo hacerlo de una forma agraciada. Empezó a poner los pies en la cama, bamboleándose ligeramente como un cervatillo recién nacido, cogiendose en todo momento de su anfitrión , con la cara arrugada mirando la cómoda y el suelo, tratando de calcular distancias y moviéndose de manera que no se golpeara con nada al pasar. Cuando estuvo totalmente metida en el complejo, y se hubo bajado de la cama, en tierra firme suspiró y se soltó por fin del chico, dándole espacio.


Ella había escuchado todo lo que él había dicho mientras la ayudaba a entrar, pero prefirió esperar a estar segura para poder contestarle, por miedo a que le temblara la voz por el vértigo. De repente estuvo muy consciente de que estaba prácticamente en Pijama, con una blusita que le cubría lo justo y necesario, que no tenía brasier, que estaba despeinada, descalza, sin maquillaje y probablemente tenía la expresión más cómica de pánico contenido tatuada en toda la cara.  Como reacción conciente, cruzó los brazos delante de su pecho, pero aún asi se las arreglo para extender una mano brevemente hacia el vecino, que ahora sabía que se llamaba Kenneth, y darle el saludo formal correspondiente en esta situación completamente disparatada:


Uhm...vale, Kenneth, trataré de recordarlo...soy Agnes...gracias nuevamente por dejarme entrar... — y como si se hubiera dado cuenta por primera vez de que tenía un delantal puesto, abrió un poco la boca, como si estuviera sorprendida y apenada comentó—¿Estabas cocinando? Espero que no se te haya quemado nada por mi culpa...
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Re: Dos gatos tontos [Privado Kenneth]

Mensaje por Kenneth van der Holt el Jue Dic 01, 2016 11:44 am

Kenneth se alegró de la chica de piel morena haya tomado su brazo con seguridad, bueno, qué esperaba? era eso o caer de aquel acantilado como cuando en una película el “bueno” logra perdonar al “malo” luego de todas las cosas que este ha hecho y le ofrece la mano para que se reincorpore, todo básicamente en una ambientación igual a esta, pero el personaje que se encuentra del lado contrario al héroe, se deja caer por alguna razón sórdida como la dignidad o la falta de cordura.


Cuando su vecina ya había completado su intrusión a la casa de Kenneth con el debido consentimiento del dueño de ésta, al parecer recordó que solo llevaba puesta ropas de dormir cuando hace mucho calor y se recubrió un poco. Esto le impactó un poco pero no era el momento exácto para dejar salir esta expresión de sorpresa así de la nada a flor de piel, pero la chica lo interrumpió con algo que se le había olvidado esperar de vuelta, el nombre.


“Agnes”, escuchó y luego siguieron unas palabras de gratitud desde la boca de la chica. Kenneth esperaba un nombre más común; Ciertamente el nombre lo había escuchado antes, pero no de otra persona que se llamase así. De nuevo, su parloteo interno fue acabado en seco cuando su vecina movió los labios por segunda vez y sonidos entendibles emanaron de estos, preguntando si Kenneth estaba cocinando algo mientras sus ojos se fijaban en el delantal de él, a lo que de una manera atontada, respondió: -Huh?, cocinando?- hizo contacto visual con Agnes y se fijó de que ella había posado sus ojos sobre la cintura de Kenneth, donde estaba amarrado su delantal. El nudo sostenía el resto de la prenda justo por encima de sus gluteos, ya que estos eran lo bastante grandes como para no tener que apretar mucho el delantal. Solo pudo pensar en ese bizarro hecho cuando entendió la situación, nadie lo había visto a él cocinar desde que estaba en japón y aún menos con su delantal celeste que poseía una imagen de tres gatos juntos, uno blanco con detalles amarillos, uno gris con rayas atigradas de color negro y finalmente otro negro dotado de manchas amarillas y blancas; El chico se sintió casi desnudo por unos segundos, pero cuando volvió a la realidad, recordó que sí, sí estaba cocinando pero la ansiedad no le dejo decidir a su mente si mandar la respuesta correcta,  ¿había apagado la hornilla o no?, no le quedó de otra que alistarse para correr hacia la cocina a chequear el estado de ésta, pero no sin antes afirmarle a su invitada de que estaba en lo correcto, sí estaba cocinando pero ambos se encontraban ante la misma duda si toda esta ocasión ya había dejado su marca de hollín permanente en la cocina del chico noruego.


Kenneth hizo un simple gesto de espera dirigido hacia Agnes e intentó salir fugazmente de la habitación, pero sus pasos agigantados hicieron que los otros vecinos peludos que estaban a punto de entrar en una discusión, salieran disparados ambos en sus propias direcciones contrarias; La gata que había ocasionado toda esta muy bizarra situación en un principio, se devolvió hacia dentro del cuarto y se escondió debajo de un pequeño sofá que estaba al lado de una lámpara grande, la otra, por su parte solo corrió hacia la cocina en la misma dirección que su roommate, pero nunca dejando de mirar hacia la habitación donde había extraños ahora.


La cocina estaba hecha un desastre, pero definitivamente no se había quemado nada, se olvidó de que violentamente atacó cada gabinete de la cocina en busca de la comida de gato, pero desde un punto de vista frío y calmado, parecía como si una horda de vikingos hubiera estado buscando exactamente lo mismo y bueno, no podía negar ese hecho, estaba en su genética; Volvió a encender todas las hornillas que estaban en uso anteriormente a fuego lento, las cebollas ya estaban casi listas y el agua tenía que volver a hervir. Mientras todo encendía de nuevo fue y buscó a su rescatada para informarla de que la casa en la que estaban no se había incendiado.


-Hey, … ehh…-Titubeó por unos segundos- Agnes, cierto! Siento haberte dejado así de forma tan súbita, honestamente me hiciste dudar cuando preguntaste eso, hehe- El viento soplaba violentamente por la ventana que seguía abierta y generaba un ruido fúnebre, todo esto daba muy mala espina, como si hubiese sido una jugarreta para que un demonio entrara a su casa, él hizo caso omiso y siguió. -Permíteme.- Kenneth pasó a su lado y cerró la ventana con visible fuerza, luego se dirigió de nuevo hacia ella y le preguntó: -¿Quieres un suéter? Pueden ser casi las 4 de la tarde, pero debió hacer mucho frío allí afuera…. y más…. en tu.... atuendo- esto último le costó decirlo por pena, pero era necesario si no quería que ella muriera de hipotermia luego de ya haberla auxiliado.


Kenneth siguió su rumbo fuera del cuarto y saliendo de este, le hizo un gesto a Agnes de invitación, acompañado de un -Ven! Pasa, no tengas miedo- en un tono muy suave y encantador (lo menos de asesino serial a lo que quería sonar) -Ya estás dentro, así que por qué no tratarte como una invitada planeada? Claro, si no estás ocupada, pero después de todo esto me gustaría invitarte una comida a ti a tu gato, qué piensas? Y si eso es demasiado te puedo dar un poco de café o chocolate caliente si es de tu gusto- Kenneth no sabía por qué su subconsciente lo estaba obligando a ser tan insistente con su vecina, esto no era algo regular en él y bueno… la forma en que se conocieron tampoco lo fue, así que dejo ese pensamiento en un segundo plano por unos segundos.


Apoyó ambos brazos en el marco de la puerta y volvió a preguntar -Qué te parece?- ya de una manera más tímida y un poco más suave que las anteriores, su ansiedad volvió bruscamente y le reclamaba que estaba siendo demasiado insistente y que solo la iba a incomodar aún más.
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Re: Dos gatos tontos [Privado Kenneth]

Mensaje por Agnes Mansen el Sáb Dic 10, 2016 6:40 pm

Agnes vio la expresión atontada del rostro del muchacho y por un momento se dio cuenta de que probablemente Kenneth era muchísimo más joven de lo que inicialmente había pensado. La manera apurada en la que le confirmó la pregunta y fue corriendo a ver su cocina la hizo sonreír un poco, y decidió dar un par de pasos, encaminadose en dirección fuera de aquella habitación. Al lado de sus piernas pasó fugazmente su gata y tan pronto como apareció se desapareció de nuevo debajo de algún mueble. Agnes no se preocupó por ver donde, exactamente, pero si se giró para asegurarse de que no era la ventana de nuevo.

Continuó caminando, salió de la habitación, y en el pasillo volvió a conseguirse con Kenneth que se encargó de decirle que no iban a morir quemados dentro del departamento. Ella le sonrió instintivamente, estaba comenzando a dejar de sentirse incómoda, estar con un muchacho que se le hacía tan joven se sentía familiar. Pero no del todo, aún le preocupaba tener el pecho tan expuesto delante de un extraño.

La piel se le puso de gallina, pero se dio cuenta de que era tanto por la vergüenza que sentía como por el viento frío que se colaba por la ventana y se alivió de que Kenneth fuera a cerrarla, ejerciendo evidente esfuerzo para poder lograrlo. De refilón, se acordó de que sus ventanas también costaba un poco cerrarlas y se preguntaba si sería una cosa normal de la estructura de los apartamentos. Volvió a la realidad al escuchar el ofrecimiento del suéter, y con las mejillas un poco tensas, asintió con la cabeza. De todos modos no la estaba mirando, así que se sintió tonta por hacerlo y agregó, con voz firme:

Si, por favor. Disculpa que abuse tanto.

Agnes permaneció apoyada de la pared del pasillo y siguió al chico que la invitaba a pasar a la sala, pero se mantuvo de pie incomodamente ante las invitaciones que el otro le estaba haciendo tan deprisa, al menos a su parecer. ¿A lo mejor solo quería hacer que se sintiera tranquila después de lo que había pasado? ¿O quizás no recibía muchas visitas y no tenía idea de como actuar? Fuese cual fuese el motivo de su cordialidad, no le apetecía ni la una ni la otra. Se sentia muy incomoda y un poco estresada por la manera tan abrupta por la cual había invadido la casa del chico y ahora mismo solo podía pensar en marcharse.

Luego recordó que aun si quisiera volver inmediatamente a su casa, no tenía manera de hacerlo sin ayuda de un cerrajero, así que reformuló su próximo movimiento mentalmente antes de decirle.

Mira Kenneth, eres muy dulce por ayudarme pero realmente no quisiera seguir molestándote, y quisiera volver a mi departamento lo más pronto posible. No quiero almorzar o café ni nada por el estilo, pero sí te agradecería si me prestaras tu teléfono para llamar a un cerrajero, no cargo llaves de mi casa encima… y si de veras quieres ofrecerme algo, creo que un vaso de agua sería suficiente—Pero no quería sonar tan dura, así que adoptó su mejor tono de profesora comprensiva y le dijo, con algo más dulce en la voz—Puedo aceptarte un café en otro momento, si quieres. De verdad me gusta el café, pero no con el estómago como lo tengo ahora
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Re: Dos gatos tontos [Privado Kenneth]

Mensaje por Kenneth van der Holt el Dom Dic 18, 2016 1:24 pm

Luego de escuchar las palabras de Agnes, Kenneth se dio cuenta de que se estaba expresando hacia ella como si tuvieran tiempo de conocerse o mínimo algo de confianza, condiciones que no se cumplían ni una ni la otra; Se sintió como otro idiota de esos que invitan a las chicas de forma vulgar en la calle sin ninguna clase de respeto, su mente se llenó de disgusto porque sentía como si hubiera olvidado por lo que acababa de pasar Agnes aunque solo tratara de hacerla sentir más cómoda a su aparentemente errónea manera.

-Oh dios, soy un idiota-Murmuró hacia él mismo, llevándose la palma de la mano derecha hacia su rostro y cubriendo a este con ella. Kenneth recordó que ella seguía ahí y él solo se estaba lamentando, lo que le dio más pena aún pero lo motivó en el sentido de que tenía que hacer algo y dejar de quejarse sobre sí mismo. –Ehh, claro, café en otro momento, seguro!– Dijo, con un notable tono de culpabilidad tratando de ser positivo. –Y… Hey, lo siento, eso de invitarte a comer es un poco caradura de mi parte, tomando en cuenta tu situación, me disculpo si no fue de tu agrado y no te preocupes, no estás molestando para nada- Hizo una breve pausa para mirarle a la cara antes de disculparse y luego de eso, volteó hacia la dirección en la que originalmente iba. -ya vuelvo.- Salió de su boca mientras seguía por el pasillo y entraba al  cuarto principal del apartamento.

Apenas cruzó el marco de la puerta de la alcoba principal, Kenneth se dio otro palmazo audible y tal vez demasiado fuerte en la parte superior de su rostro, luego caminó hacia el closet del cuarto, jaló las puertas hacia él en búsqueda de un suéter que le pudiera ofrecer a Agnes; Al poco tiempo de revolcar las prendas una encima de otra, vio un  suéter negro de una sola pieza que decía “Jaguars”, esto le hizo recordar la vez que su padre se lo regaló oficialmente, antes de que Kenneth se montara en el avión para despegar hacia Japón; Le quedaba grande en ese entonces y le sigue quedando inmenso, pero con el frío que invadía al apartamento, supuso que algo de tela extra no haría nada malo. Recogió uno de los bóxers que había terminado en el piso, lo colocó de nuevo en su sitio, cerró las puertas del closet y soltó una pequeña risa de solo imaginarse cómo le quedaría el suéter a Agnes.

Emprendió su camino de vuelta hacia su visitante morena y en el transcurso de este, cogió el teléfono local del apartamento y lo colocó entre el suéter que llevaba y sus brazos. Lo cargaba todo junto, acompañado de una sonrisa en su cara, en un momento que no logró notar por cuenta propia, su ánimo volvió a estar relativamente feliz y calmado para cuando llegó a Agnes con las cosas que necesitaba. –Listo! Esto debería ser todo, siéntete libre de ponerte cómoda hasta que se pueda arreglar toda tu situación- Kenneth colocó el teléfono local entre su brazo y su pecho para poder entregarle el suéter con comodidad a su invitada, luego de eso se sacó el teléfono de ese conveniente compartimiento y lo posó sobre una mesita que estaba cerca de los dos.

-Bueno Agnes, si necesitas otra cosa, solo llámame, estaré en la cocina haciendo cosas de… bueno cocina- Kenneth dedicó esas palabras a Agnes y luego entró a la cocina, donde las cosas ya habían vuelto a la normalidad, como antes de que ocurriera todo este embrollo. Una situación extraña que logró que Kenneth finalmente conociera a su vecina pero a costo de mucha ansiedad e incomodidad de ambos lados, o por lo menos eso pensaba él sobre el asunto mientras terminaba de dorar las cebollas y vertía el pollo con toda la melaza que venía junto a este, chisporroteando fuertemente por todos los agentes acuíferos que se encontraban en el jarabe que reposaba junto al pollo hace unos segundos.
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Re: Dos gatos tontos [Privado Kenneth]

Mensaje por Agnes Mansen el Dom Ene 01, 2017 4:37 pm

Sí, definitivamente era un muchachito. Quizás el miedo y el tono de piel del chico la había hecho pensar distinto. Pero algo sí podía entender: Era definitivamente extranjero. Mientras el chico se disculpaba con ella (aunque ella no consideraba que tuviera algo por lo que disculparse), Agnes se dedicó a detallar la manera en la que hablaba y como se expresaba.

Capaz era un estudiante de intercambio, pero no le parecía que fuera de secundaria, y si lo era, se sentía muy avergonzada de tener que mirarlo desde abajo.

Podía percibir lo incómodo que se sentía y en alguna parte de su interior eso le causó algo de placer, pero descartó la emoción de inmediato antes de que echara raices y solo asintió con la cabeza y sonrió un poco, como aceptando las disculpas, posteriormente esperando por él cuando la dejó sola. Allí, comenzó a pasear los ojos por la zona del departamento que era visible para ella, percatandose de más detalles, como por ejemplo, que el apartamento no tenía tantas cosas dentro como el espacio para el que estaba diseñado, era como si la persona que se hubiera mudado allí no planeara quedarse tanto tiempo...y sin embargo, había cositas aquí y allá que indicaban una comodidad que le daba una impresión opuesta.  

Por un instante recordó el primer departamento de estudiante que había ocupado por su cuenta y el amor tonto que le tenía a su pequeño nido personal. Casi no se dio cuenta cuando Kenneth volvió y su voz la asustó un poco, donde saltó visiblemente pero su cara hizo el mejor esfuerzo del mundo por no mostrar ninguna emoción, o al menos no demasiada.

Las palabras del chico la hicieron sentir un poco mejor y volvió a adoptar la sonrisa educada, asintiendo nuevamente mientras tomaba las cosas, el suéter primero. Mientras se lo ponía, con algo de dificultad puesto que era ridículamente grande, pudo escuchar que el muchacho le decía algo más, como que lo llamara si necesitaba algo, y acabó sacando la cabeza del embrollo de tela para murmurar un “Gracias” que a penas y se escuchó, cuando él ya se había vuelto a la cocina.

Cuando estuvo sola, estiró el suéter sobre su cuerpo, confirmando que le llegaba por la mitad de los muslos, y cogió el teléfono de la mesita, caminando suavemente y casi sin hacer ruido por la sala.

En ese momento, consideraba cual sería el siguiente movimiento: Tampoco tenía su teléfono encima así que tendría que marcar algún número que se supiera de memoria para pedir ayuda. Usualmente en situaciones así, llamaba a Carlos o a Kane, y siempre alguno de los dos atendía, pero no ambos el mismo día.

Por probar suerte, decidió llamar a Carlos primero, marcando el número que se sabía de memoria mientras iba diciendo los dígitos en su idioma madre, en voz muy baja. Puso el aparato contra su oreja y estuvo un momento esperando mientras escuchaba la música de mal gusto que su amigo había seleccionado como tono de espera. Después de un largo rato, se escuchó una voz del otro lado de la línea.

—¿Hola? — murmuró una voz de hombre, en un tono dulce y un poco nasal
Agnes, que nunca hablaba japonés con Carlos, y raramente inglés, comenzó a hablarle:

¡Carlos! Soy Agnes, te estoy llamando de un teléfono desconocido porque tuve un accidente un poco pendejo. Te cuento los detalles después...mira, necesito ayuda, si puedes buscarme el número de un cerrajero sería muy...—pero dejó de hablar súbitamente cuando escuchó a la voz, nuevamente del otro lado

— ¡Haha! Caíste, deja un mensaje después del tono y te llamaré de vuelta cuando pueda, ¡hasta luego!— y luego, un largo y ensordecedor *Beep*

¡Argh! cabrón...—después del segundo inicial de rabia, colgó y se quedó fría unos segundos, temiendo por qué se le hubiera olvidado el número de Kane antes de volver en sí misma y marcarlo rápidamente, presionando los botones con un poco más de fuerza de lo necesario.

Cabe agregar que tuvo que repetir la operación entre dos y tres veces más por lo mismo, pues terminaba marcando mal el número o presionando dos veces la misma tecla.  En su intento final y exitoso, el teléfono comenzó a repicar de la manera neutral y universal, hasta que al final alguien cogió el teléfono del otro lado.

—Línea caliente, convertimos tus fantasías en realidad por un módico precio—la voz que la atendió esta vez no era una contestadora, pero tampoco era la voz de Kane. Era más grave y si bien tenía un acento, el japonés era bastante fluido. Pero lo que más le llamaba la atención era el escándalo que había de fondo: Risas de hombres y una voz, también masculina pero bastante más aguda, peleando en otro idioma.

Sacó una conclusión rápida

¿Cuándo vas a crecer, Ricardo? Ponme a Kane, es una emergencia

—Dios, pero qué seria...por eso es que no te dan....

Hubo un silencio relativo por unos segundos y luego la voz del fondo se escuchó, ahora claramente, y bastante agitada:

—¿Quién es?

Agnes

—Dios, se me bajó la tensión por un momento…¿qué te pasó? ¿estás bien?—su histeria se convertía poco a poco en calma y casi de inmediato en preocupación

Estoy entera, solo que me quedé fuera de mi departamento y dejé el teléfono y las llaves adentro, te llamo desde el local de un vecino…¿puedes llamar a un cerrajero y mandarlo a mi dirección, por favor? Avisale que marque el intercomunicador de mi número pero en vez de B, el A

—Vale, dame un segundo, no cuelgues

Agnes se mantuvo en la línea, con el teléfono contra la mejilla y mirándose los dedos de los pies muy intensamente, con la mente en blanco y una mano arrugando la tela sobrante del suéter. En poco tiempo la voz de hombre volvió al otro lado y le dijo, con una voz más tranquila:

—Listo, me debes un café. Luego llamas para saber cómo fue

Ya debo demasiados de esos. Vale, te haré saber, me salvas la vida, gracias

—Ricardo dice que dejes de ser tan seria que das miedo—dijo él, ahora con un tono mas ameno y divertido

Dile a Ricardo que es bienvenido a realizarle sexo oral a mi órgano reproductor masculino imaginario, cuando no esté de guardia

—No pienso decirte lo que acaba de decirme

Yo no pienso escucharlo tampoco. Te llamo de mi casa cuando esto se resuelva, Gracias de nuevo. Saludos por allá. —y colgó. Tenía una pequeña sonrisa en el rostro cuando lo hizo, de alivio.

Entonces su estómago hizo un ruido audible y tuvo que ponerse las manos sobre el vientre, como si temiera que algo diabólico saliera de él. La expresión de sorpresa en su cara era oro, pero no le sorprendía en realidad, llevaba unos buenos diez minutos oliendo algo delicioso que provenía de la cocina y que hacía bastante ruido. Se acercó a la puerta de la misma, dando pasos con más confianza y se apoyó del marco de la puerta con el antebrazo, en una pose un poco masculina, a la que ya estaba habituada.

Ya hice mis llamadas, alguien vendrá a abrir mi puerta. Muchas gracias por eso…¿que estás cocinando, a todas estas? huele muy fuerte
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Re: Dos gatos tontos [Privado Kenneth]

Mensaje por Kenneth van der Holt el Mar Feb 21, 2017 6:02 pm

Kenneth estaba parcialmente inmerso en su experimento culinario, el sonido que causaba el aceite en el sartén, la vista de la mezcla espesa internándose en el pollo, dándole un color marrón amielado junto a los ya dorados pequeños trozos de cebolla a los que agregó otros pequeños trozos cortados de pimentón y otros vegetales; La otra mitad de la atención del cocinero intentaba enfocarse sobre lo que hacía Agnes, como si este tuviera ojos en la nuca y ellos mágicamente tuvieran otro par de orejas junto a ellos solo para escuchar vagamente de lo que hablaba ella.

Mientras el aceite ahogaba y cocinaba a los vegetales y los trozos de pollo se tomaban un ligero bronceado en él, Kenneth notó que su invitada en la sala ya no producía sonidos, su ansiedad atacó de nuevo fugazmente y le ofreció dos opciones que en ese momento le parecieron cien por ciento verídicas  (Probablemente durante cinco segundos); O había terminado de hablar, solucionó su problema y se recostó un rato en el sofá para descansar de todo el estrés que su pequeño cuerpo había sufrido en tan poco tiempo o simplemente, esa cosa que él creía ver en las noches por el rabillo del ojo la había tomado silenciosamente por sorpresa y se había hecho con su cabeza. Al Kenneth tener la tendencia de siempre pensar en que lo peor de una situación es claramente lo que va a ocurrir, no tardó en sentir que la cosa que posiblemente calló a Agnes ya estaba detrás de él, lista para asesinarlo de la misma cruda manera. Kenneth no contuvo más la presión y decidió voltearse con cuchillo en mano para poder contra atacar el siguiente intento de asesinato en su apartamento.

Justo antes de girar todo su cuerpo completamente ciento ochenta grados, escuchó la voz de algo en el marco de la entrada a la cocina, lo que ocasionó a sus pies una reacción espontánea de querer despegarse del suelo y junto con esto el desarmamiento de Kenneth al soltar el cuchillo por reflejo.

Luego de que el cuchillo dejó de rebotar en el piso y Kenneth reconoció a Agnes, (Viéndose muy cómoda) dentro de su suéter, se disculpó como por quinta vez en un período menor de una hora (Nuevo record!) y escuchó su pregunta, a lo que respondió: -Eh, no es nada fuera de lo común, ehh bueno, no tanto, es solo una receta que escuché de otros chefs en el muelle hace unos días.- Hizo una pausa para recordar exáctamente el nombre -Pollo teriyaki en trozos con un poco de ajonjolí.- Afirmó con una sonrisa de orgullo en la cara. -Sé que huele un poco fuerte, pero bien según mis gustos.-
-Ya solo me falta cocinar un poco de arroz para acompañarlo mientras termina de cocinarse.- Hizo otra pausa en la conversación que sostenía mientras sacaba una máquina arrocera de uno de los gabinetes cercano a la cocina. -Voy a hacer suficiente para ti también si para cuando tengas hambre todavía no ha llegado el cerrajero que llamaste, no tienes excusa.- Y soltó una pequeña risa pícara de un niño que acababa de salir sin castigo de una jugarreta, luego de eso, sacó el arroz de la despensa, sobre la máquina vació lo que quedaba en la bolsa y luego aplicó un vaso completo de agua sobre este; Apagó la hornilla donde se encontraba el sartén del pollo, lo tapó y conectó la arrocera, que instantáneamente prendió una luz roja junto con un “DING” bastante ruidoso.

Continuó: -Ya está casi listo, creo que tenemos un poco de tiempo para hablar como personas normales antes de sentarnos a comer- Kenneth se lavó las manos, se las secó con un paño que guindaba de uno de los gabinetes y salió de la cocina hacia la sala, haciendo una pequeña reverencia a Agnes para que lo acompañara.
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Re: Dos gatos tontos [Privado Kenneth]

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